Reseña: Sally Hansen en Ton of Bricks

Les mencioné por aquí que mi esmalte favorito del invierno fue esta preciosura de Sally Hansen. Ya sé, no es un color único ni fuera de lo común, pero me gustó por lindo y confiable.

Rojo, con brillo, con un no sé qué que la cámara no puede captar. Y con un nombre que no termina cerrarme. Brick me tira más a naranjoso, qué sé yo.

La textura es un tanto caprichosa. Líquida, desparramable a condados vecinos, responsable de ligeros ataques de pánico manicuril. Necesita dos capas para ser feliz, y con tres explota de alegría. El pincel es lindo y ayuda a que la cuestión no se vaya de mambo.

La duración es buena, unos cuatro días sin novedades, hasta seis si no abrís y cerrás cajones como una loca porque no encontrás ese papelito crucial para ese trámite insoportable. Ser ordenada tiene sus beneficios, parece.

Es un esmalte que a pesar de clásico llama la atención por el acabado. No encandila pero sorprende desde esas nanopartículas brillantes que le dan personalidad. Sí, ya sé que tengo las manos hechas percha.

Resumiendo: me encanta, me banco la fluidez y que odie los cajones. Mi nuevo rojo favorito es de Sally Hansen.

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Comentar es gratis y hace bien. Bah, no sé, fijate.

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